#Cine: Naomi Campbel

avatar_jc_sahliPor  Juan Carlos Sahli. 24 años. Estudiante de cine. Apasionado por el cine, la moda y la música, en particular la electrónica y el post punk. Con sentido del humor. @jcsahli

Naomi Campbel (2012) es un largometraje de los cineastas Nicolás Videla y Camila José Donoso, en dónde se busca mostrar una realidad potente, la transexualidad en el Chile marginal. Para esto, los realizadores cuentan con un privilegio, al tener una protagonista, la activista y tarotista transexual Paula Dinamarca, oriunda de Pedro Aguirre Cerda, que acerca a la ficción al documental. Aunque la idea inicial de los directores, según contaron en una entrevista a El Mercurio, fue hacer solamente ficción, el hallazgo de este personaje hizo que se hibridara con el documental.

Se aprovechó un sólo recurso plenamente documental: la existencia de grabaciones que la misma Paula hizo con una cámara en sus noches por la población, deambulando y divagando a modo de corriente de la conciencia, muchas veces bajo el efecto del alcohol. Para ella funcionan como un medio de catarsis y para el espectador, como una ventana desprolija a su mente y carácter, mostrando con visceralidad lo que la película jamás logra de otra forma.
Aún así, vale decir que los límites entre ficción y documental se encuentran borrosos y qué como experimento en fusionar ambos, si no exitosa, Naomi Campbel es por lo menos arriesgada. Espacios y lugares que claramente forman parte de la intimidad del personaje podrían ser perfectamente ambientaciones, mientras que no se sabe qué personajes como una solterona (o viuda) amiga de edad mayor, unas vecinas copuchentas que aparecen brevemente pelándola y un novio con el que tiene una relación inestable, son o no sacados de la realidad y hasta qué punto tuvieron que actuar. Este medio camino entre la ficción y el documental, desde el punto de vista de la realización, forma sin duda un tejido con potencial, qué podría haber sido mejor aprovechado, si es que tuviera mayor profundidad.

La trama central de la película, su defensa desde la ficción, es la espera infructuosa de la protagonista por ser elegida para una operación de cambio de sexo y su encuentro en el camino con una colombiana, quien busca ser intervenida para parecerse a Naomi Campbel. En ese plano, no es nada más que la historia de un personaje, que desde los márgenes de lo marginal, ve frustrada la posibilidad de cumplir un anhelo. Bajo esta línea narrativa, Naomi Campbel pretende exponer la realidad de lo marginal en el Chile actual como un continuo de fracaso y frustración, no sólo desde la experiencia de un transexual si no también la de una inmigrante, en un momento en que las cifras de inmigración van en constante alza. Lo hace de manera competente, pero cuando al mismo tiempo juega con elementos documentales y pone en la palestra a un personaje sin duda intenso, contradictorio e interesante, es cuando Naomi Campbel se confunde en su premisa y como un todo queda floja.

El tono naturalista que se adopta desde la fotografía, en dónde las acciones como pelar una papa o una caminata nocturna son mostradas casi en tiempo real, ya es un lugar común en el cine chileno de autor de los últimos años, que parece no haber entendido que el mero uso de ese estilo no lleva necesariamente al espectador a un acercamiento más veraz y empático. Al final esto mismo hace la película predecible, y le quita toda fuerza al relato, llevando, desde la última mitad, al espectador a la indolencia. Aunque nadie pide que el fuerte sea la trama, existen pocos matices que finalmente la eleven por encima de ese simplista callejón sin salida.
Existen sin duda varios elementos interesantes y llamativos en la película. Por ejemplo las secuencias dónde Paula visita a su amiga tienen una atmosfera íntima y desoladora muy particular, y también el cumpleaños de la misma, dónde Paula tiene una conversación privada con su novio mientras en el fuera de campo la celebración se siente con la misma nitidez. Los espacios y situaciones provenientes de lo marginal son quizás el mayor deleite estético de la película.

El misticismo de Paula (qué así es en la vida real) se materializa de formas atractivas, como el templo-piedra imaginario que hay en su población y las varias escenas dónde lee el tarot tanto en su papel de telefonista. Pero estos fragmentos no son suficientes para hacer de Naomi Campbel una experiencia potente y satisfactoria.

En un reciente estreno en el Cine Arte Alameda, estaba presenta la misma Paula Dinamarca para hablar sobre su rol en la película. Resulta curioso que escuchándola desde su biografía y testimonio provoque más que cómo su identidad es adaptada a la película. Aunque un mérito es cómo evitan morbo, uno no puede si no preguntarse que hubieran hecho Videla y Donoso si hubieran querido indagar más allá en el personaje de Dinamarca, tomando ángulos inesperados y originales de su vida, sin por ello perder la delicadeza y la distancia ética que exige el personaje. En vez optan por el camino más ortodoxo, al ficcionar una ya muy vista película naturalista, de tiempos muertos, con algunos chispazos de potencia en el registro documental, desaprovechando así todo el carácter que podría haber aportado el personaje.

Cómo un hito de la realización nacional independiente, y así lo confirma la difusión mediática que ha tenido la película en el país, Naomi Campbel es valiente y política. Pero como experiencia audiovisual es tibia y le falta garra.

Enlace: http://www.ccplm.cl/sitio/2015/naomi-campbel

Anuncios