¿Quién es quien en el mundo de la moda? por Carlos Loyola para ED

LA FERIA DE LAS VANIDADES

Regresos, debuts, nuevos fichajes y consolidados. En los siguientes portafolios conocerá el “quién es quien” en las casas más importantes del mundo de la moda.

por Carlos Loyola Lobo para Revista ED, Mayo 2012 Chile. Fotografías: Google Images.

HEDI SLIMANE: EL REGRESO DEL NIÑO TERRIBLE

YVES SAINT LAURENT

“Empecé a tomar fotos incluso antes de ser diseñador. No empecé con lo de la moda hasta los dieciséis pero tuve mi primera cámara cuando tenía once años”, contaba el diseñador en una entrevista a la revista Interview en 2003. De alguna manera parecía querer justificar su decisión de dejar (ya sabemos que no para siempre) el mundo de la moda por el de la fotografía. De aquello hubo exposiciones simultáneas, en París y en Bruselas, un libro con más de 600 fotografías en su interior llamado “Hedi Slimane: Antologhy of a decade”, donde reúne sus años haciendo editoriales para las más famosas publicaciones del orbe. Pero la moda, el diseño y las pasarelas pudieron más. El otrora niño mimado de Karl Lagerfeld (quien decidió bajar de peso para usar alguna de sus creaciones), y quién hasta ahora había ordenado en ciclos de diez años su vida,  desde que Pierre Berge lo pusiera al frente de Yves Saint Laurent en 1997 hasta que se despidiera de Dior Homme en 2007, con el título del hombre que revolucionó la moda masculina, que sabíamos poco de Slimane. Hasta ahora. Cuando hace sólo un par de meses se anuncia su regreso a YSL, y expectativas hay de sobra. Porque uno de los protegidos de la ex editora de Vogue París, Carine Roitfeld, viene a revitalizar a una casa que si bien mantenía un buen nivel con Stefano Pilati, su regreso propone una gran ruptura y a la vez mucho de continuidad. Es la sensibilidad punk rock de Slimane mezclada con la elegancia de la casa comandada en las sombras por Pierre Berge. Con fama de niño terrible, este francés de 44 años, hijo de madre italiana y padre tunecino, que en su travesía por el desierto se dedicó a ser editor jefe del periódico francés Liberation y a diseñar carátulas de discos para bandas de rock, vuelve a la moda, donde brilla, impacta y acelera pasiones.

RAF SIMONS: LA CONTRATACIÓN MÁS ESPERADA

CHRISTIAN DIOR

La grúa. No quedaba otra solución. Después del escándalo desatado por las llamativas declaraciones antisemitas de John Galliano y ser destituido de su casa de modas por años, en la compañía Christian Dior no sabían qué hacer. Se habló de traer a Riccardo Tisci de Givenchy, los rumores apuntaban a Nicholas Ghesquiere, el hombre de Balenciaga, incluso se pensó en Marc Jacobs y se intentaron conversaciones con nuestro recién conocido, Hedi Slimane. Silencioso, un nórdico sobrio y reservado, que con su estilo minimalista, desprovisto de artificios, lineal y dominando la paleta de colores pasteles, deslumbraba en las colecciones de Jil Sander. Una elegancia discreta pero jamás aburrida. Raf Simons, nacido en Neerpelt, Bélgica, viene de una familia modesta. Su padre, un guardia de seguridad y su madre se dedicaba a la limpieza. Hijo único, en su juventud le encantaba vestirse de riguroso negro. Estudia diseño industrial y se realiza haciendo muebles de arte. El azar llevó que en 1995, la directora de moda de la Academia Real de Arte de Antwerp lo descubriera y es así como lanza su primera línea de ropa masculina de corte recto llevando su nombre. Esa misma austeridad y delicadeza lo llevan a hacerse cargo de Jil Sander, se construye una fama sólida aunque bastante lejana a las luces y la exposición, que lo llevan a convertirse en el nuevo hombre de Christian Dior. Lo que le espera: 6 colecciones anuales, probarse en la alta costura, terrenos que no había explorado en Jil Sander, aumentar el volumen de negocios de una casa como Dior, y mantener esa línea de lujo, femenina y elegante con la que caracterizamos sus diseños. Ya lo ha dicho, su idea es volver a la esencia de Dior, la Belle Èpoque, pero con ese toque de limpia refinación tan propio de él. Deberá enfrentarse creativamente a Slimane en su debut en YSL. Un duelo de gigantes del que sabremos más en el mes de julio, cuando se presenten las nuevas temporadas en una próxima semana de la moda.

FRIDA GIANNINI: LA OBRERA DE LA MODA

GUCCI

Es la marca de lujo más codiciada del mundo. Joyas, bisutería, zapatos, relojes y seis colecciones anuales para mujer y hombre. Es la casa de los cueros y las pieles. La mujer detrás del imperio es una chica romana, que después que Tom Ford se la llevara de Fendi a diseñar accesorios para Gucci, hoy tiene el control total de la marca. Con 7.000 discos de música en su casa en Florencia, dice que como DJ es un desastre: “esa tarea se las dejo a mis amigos”, confiesa. Una de las pocas que delega en su vida. Las campañas de hombre y mujer las piensa al mismo tiempo, “me los imagino como pareja, como que crecieron y viven juntos en Italia. Es muy importante crear una conexión entre ambas colecciones”. Y aunque reconoce que siempre hay parte de ella en sus diseños, dice que intenta desapegarse y soñar un rato para crear. Controladora y trabajólica, ha dicho en entrevistas que aún no se siente cómoda con sus logros pero sí se siente más confiada en los procesos. Trabaja con 20 diseñadores y el resto técnicos que hacen de su equipo un grupo de 40 personas. Se declara una jefa exigente, pero como trabaja con mucha gente que ya son sus amigos íntimos, dice que no es de retos ni gritos. Trabajando siempre bajo presión, ha dicho: “Necesitas reinventarte cada día cuando estás en un trabajo creativo. Siempre digo que si te sientes en lo alto de la montaña no podrás hacer nada más, por eso es que intento sentir el temblor bajo mis pies, es la manera en que tu propia adrenalina te fuerce a seguir adelante en tu vida profesional”. Quizás demasiado consciente de la industria en donde se mueve y de mentalidad pragmática, Frida Giannini tiene muy claro su lugar: “Al final del día, sé que no soy un artista ni que estoy montando una performance, sólo hago artículos que necesitan ser comercializados”. Si no quiere encandilarse, tome nota.

RICCARDO TISCI: UN ROTTWEILER SENSIBLE

GIVENCHY

Cargada por un grupo de esclavos vestidos de dorado. La faraona posmoderna sentada en un trono del mismo tono de sus lacayos con las siglas MDNA escritas como un graffiti callejero en el respaldo. Ella de negro y dorado, con una corona con dos extensiones como cuernos que salían de su cabeza. Estamos en el Estadio Lucas Oil de Indianápolis en el entre tiempo de una  nueva jornada del tradicional superbowl y la estrella es ni más ni menos que Madonna, presentando nuevo single de su último disco en un espectáculo sin igual, ataviada de Givenchy con un diseño exclusivo de Riccardo Tisci. Criado por 8 hermanas y su madre, este italiano del sur de Italia, perdió a su padre a los 5 años. Ganó conocer la sensibilidad y la sensualidad femenina como ningún otro, de primera mano, todas distintas entre sí, apasionadas y mujeres ciento por ciento. Le gusta la transgresión en lo sexual pero sin llegar a la vulgaridad. Algo de eso le ha imprimido a su sello durante estos siete años que lleva liderando en Givenchy, la casa ícono de una Audrey Hepburn solitaria y glamorosa mirando joyas afuera de Tiffany’s en la película adaptación a la novela de Capote y que tuvo antes de Tisci a maestros como Galliano y McQueen entre sus filas. Gótico, sexual, chic y rebelde, son las etiquetas que han recaído sobre su trabajo, una de sus heroínas es Donatella Versace, ha dicho que Versace es aún la bandera de Italia en el mundo de la moda, que es la que representa la era de las top models, las celebridades, el mito que dejó Gianni y todas esas cosas que le permitieron soñar a inicio de los noventa. Su gran motor es su familia, necesita siempre de la fuerza y el amor de esas nueve mujeres: “soy alguien que necesita de las emociones y necesita transmitirlas en lo que hago”. Ha dicho que en la alta costura muestra su lado más romántico: “a pesar de que todo el mundo crea que soy como un rottweiler, muestro mi sensibilidad a muy poca gente”. Y para los agoreros del pesimismo, Riccardo dice que la alta costura no ha muerto: “La alta costura ha cambiado y enhorabuena que así sea”.

CHRISTOPHER BAILEY: EL CHICO DE LA LLUVIA

BURBERRY

En 2009 fue reconocido por segunda vez en cuatro años como el Diseñador del Año en los British Fashion Awards. En junio del 2010, la Council of Fashion Designers of América lo distinguió como el mejor en la categoría internacional. Tiene 41 años, nació en Yorshire, Inglaterra, su padre es carpintero y en su época de juventud quiso ser arquitecto. La moda fue, en cierto modo, un accidente. “Me encanta la idea de trabajar en diferentes países. Amo la idea de trabajar con la imagen, pero aún siento que estoy en la industria de la moda por error”, confesó en alguna ocasión. Si pensamos en Burberry, imaginamos un día de invierno, paraguas e impermeables, ese que puede llevarlo un ejecutivo de Wall Street hasta su rebelde hijo rockero con la misma ligereza. Christopher Bailey ha mantenido esa clásica tradición, el mismo tartán de fondo beige y líneas cruzadas en tonos cafés, pero ha sabido darle el vuelco necesario, una nueva lectura y así reinventar la marca. En esa tarea está desde el 2001, año que se integra a la compañía, pero no va a ser hasta el 2008, durante la presentación de la colección de otoño-invierno, que marca el punto de quiebre de su carrera y se vuelve un nombre imprescindible dentro del mundo de la moda. Tan comprometido se siente con Burberry que, haciendo caso a sus antiguas pretensiones por el mundo de la arquitectura, diseñó por completo el edificio de la compañía ubicado en Horseferry Road, Londres. Si le pedimos autodefinirse, dice: “Muy organizado. Me siento muy bien complementando trabajos. Puedo estar en una reunión, pensando en la nueva fragancia y luego diseñando para la nueva colección. Es lo bueno de trabajar en equipo, te despojas del ego y los logros son algo para sentirse orgullosos entre todos”.

MARÍA GRAZIA CHIURI & PIER PAOLO PICCIOLI: BENDITA DUPLA

VALENTINO

Han pasado cuatro años desde que Valentino Garavani se retiró de la casa que lleva su nombre en enero del 2008. Su figura aún continúa dando qué hablar y es una imagen que pesa sobre los hombros de este par que durante más de una década estuvo a cargo de los accesorios de la marca que Garavani ha llevado por décadas junto a su fiel compañero y albacea, Giancarlo Giametti. Sin embargo, la carrera de Chiuri y Piccioli no ha estado exenta de vaivenes. La primera colección que presentaron fue considerada demasiado reverencial a la estética old-school de Valentino. La siguiente, inspirada en la película “Avatar”, se alejaba diametralmente al imaginario de la casa de modas. Pero no fue hasta el 2011, cuando les tocó vestir a la actriz Michelle Williams para los Globos de Oro que esta dupla encontró su sello propio: vestir a las chicas más it de Hollywood, dándoles un aura de gracia y fragilidad que se convertirá en la idea principal de la mujer Valentino en el futuro.  Se conocieron en la Piazza San Lorenzo en Roma, se tenían un respeto y admiración mutuos porque conocían sus trabajos. Jamás imaginaron que podrían hacerse cargo de una compañía como Valentino. Cuando realmente se dieron cuenta de la posibilidad de convertirse en los líderes de la casa de modas, lo que más temieron fue de su sobre exposición, de estar bajo la mirada de tantos a propósito del legado de Valentino como diseñador. “Este trabajo es mucho más que diseñar una colección”, dice Chiuri, “tiene que ver con estar constantemente liados con la imagen de la marca y como la estamos comunicando. Todo debe confluir. Nosotros no somos la marca y esa situación es anómala en la egocéntrica industria de la moda”. En palabras de Giancarlo Giametti, “Pier Paolo es más aventurero y María Grazia es más aterrizada a la realidad. Tomo siempre lo mejor de ambos”.